Era ese espíritu el Diabolus sylvarum, el Espíritu de los Bosques y de los Lobos, cuyo hogar se encuentra en las ciénagas y en el bosque agreste, sugerente e intrépido, el espíritu de la fuerza y de la libertad, aunque también de la furia y la violencia, impenetrable a toda compresión, alado como un viento borrascoso y ardiente como el corazón del mundo pero aun así encadenado por la Oscuridad