Cecile Adrienne Rich

  • Marcia Ramoshar citeretfor 2 år siden
    El discurso crítico sobre la poesía ha dicho muy poco sobre las condiciones cotidianas de nuestra existencia material, pasadas y presentes: qué huella dejan en la vida de los sentimientos, de las respuestas humanas involuntarias; cómo vislumbramos un rastro de humo en el aire, contemplamos un par de zapatos en un escaparate, miramos a una mujer dormida en su coche o a un grupo de hombres en una esquina, cómo escuchamos el zumbido de un helicóptero o el golpeteo de la lluvia sobre el tejado o la música que suena en la radio en el piso de arriba, cómo respondemos a la mirada de una vecina o de un desconocido o la evitamos. Esa presión altera nuestro ángulo de visión, lo reconozcamos o no
  • mellamogisellehar citeretfor 2 år siden
    Los «grandes hombres» hablaban de otros «grandes hombres», de la naturaleza del Hombre, de la historia de la Humanidad, del futuro del Hombre, y nunca más volví a recibir, de un profesor, el tipo de estímulo, la insistencia en que mi mejor trabajo podía ser aún mejor, que había experimentado en el colegio. A las alumnas simplemente no nos tomaban demasiado en serio.
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    i existe un concepto realmente engañoso, es el de «coeducación»: la idea de que por el hecho de sentarse en una misma aula, escuchar las mismas clases, leer los mismos libros, realizar los mismos experimentos en el laboratorio, mujeres y hombres están recibiendo una educación igual. Y no es así. En primer lugar, porque el contenido mismo de la educación otorga reconocimiento a los hombres a la vez que invalida a las mujeres
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    Las mujeres y los hombres no reciben una educación igual, porque fuera del aula a ellas no se las considera personas soberanas, sino una presa.
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    Pensar como mujer en un mundo masculino significa pensar críticamente, negándose a aceptar lo dado, estableciendo vinculaciones entre hechos e ideas que los hombres han dejado disociados. Significa recordar que toda mente reside en un cuerpo; seguir siendo responsables ante los cuerpos en los que vivimos; contrastar continuamente las hipótesis dadas con la experiencia vivida. Significa mantener una actitud crítica constante en relación con el lenguaje, ya que, como señaló Wittgenstein (que no era feminista), «Los límites de mi lengua son los límites de mi mundo». Y también significa hacer lo más difícil de todo: escuchar y estar atentas, en el arte y en la literatura, en las ciencias sociales, en todas las descripciones del mundo que recibimos, a los silencios, a las ausencias, a lo innombrado, lo no dicho, lo codificado, pues allí encontraremos el verdadero saber de las mujeres.
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    La sangre de las mujeres es distinta de la de los hombres o los animales. No solo está asociada a la menstruación y a los misterios del tabú menstrual, sino también a la energía sobrenatural asociada a la desfloración, el misterio transformador del nacimiento y la fecundidad misma.
  • Marcia Ramoshar citeretfor 2 år siden
    La sangre de las mujeres es distinta de la de los hombres o los animales. No solo está asociada a la menstruación y a los misterios del tabú menstrual, sino también a la energía sobrenatural asociada a la desfloración, el misterio transformador del nacimiento y la fecundidad misma.
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    Karen Horney, una de sus primeras críticas más incisivas, puso de manifiesto la estrechez de los fundamentos biológicos y mecanicistas de su pensamiento, la reducción de las cualidades psicológicas a causas anatómicas y su razonamiento inherentemente dualista, que establece una polaridad entre instinto y «ego», femenino y masculino, pasividad y actividad. En particular, atacó su idea de que repetimos continuamente a lo largo de la vida los sucesos de la niñez o regresamos a ellos; una noción que Horney consideraba, con razón, que negaba la evolución orgánica de una persona, los cambios cualitativos que experimentamos como parte del proceso de una vida.
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    Karen Horney, una de sus primeras críticas más incisivas, puso de manifiesto la estrechez de los fundamentos biológicos y mecanicistas de su pensamiento, la reducción de las cualidades psicológicas a causas anatómicas y su razonamiento inherentemente dualista, que establece una polaridad entre instinto y «ego», femenino y masculino, pasividad y actividad. En particular, atacó su idea de que repetimos continuamente a lo largo de la vida los sucesos de la niñez o regresamos a ellos; una noción que Horney consideraba, con razón, que negaba la evolución orgánica de una persona, los cambios cualitativos que experimentamos como parte del proceso de una vida.
  • Marcia Ramoshar citeretfor 2 år siden
    mismo Freud fue quien destacó, obviamente, en qué medida el doble sentido, la desmemoria, los lapsus expresan en «la vida cotidiana» aquello de cuyo significado no queremos responsabilizarnos conscientemente
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