Orly Castel-Bloom

Dolly City

La doctora Dolly vive en Dolly City, que está algo así como en Israel. En Dolly City todos los trenes llevan a Dachau, pero no a esa Dachau, sino a un monumento que se llama igual.

En el edificio de cuatrocientas plantas donde vive, Dolly tiene un laboratorio de experimentación. Entre ratas, conejos y la camilla en la que tortura al antiguo jefe de su padre, Dolly acoge a un bebé. La compasión da paso a la obsesión, la obsesión de la doctora es quirúrgica, y lo que persiste en este libro es la duda: acaso maternidad y locura sean necesariamente lo mismo. Y para ello tal vez ni haga falta ser una madre judía.

Fuera, mientras tanto, nieva y hace calor, los magos matan a espada a sus ayudantes y los enanos ven películas de Buñuel. Pululan por allí mohels y escarabajos Volkswagen (el único vehículo que uno vería si tuviese la suerte y la desgracia de pasearse por Dolly City). Claro que esta montaña rusa en forma de libro, señalizada por diálogos abruptos, imágenes cortantes y bisturíes oxidados, es sobre todo un relato caricaturesco. Y, como la maternidad, fundamentalmente esperanzado.

De Dolly City se ha dicho que es una granada de mano, una bestia hermosa y un grito de resistencia, que es distópica, fantástica y fantasmagórica, que convierte lo banal en original y el horror en una delicia, que hay que leerla varias veces –la primera para asimilar el shock–, que le ha abierto posibilidades discursivas al humor, que le ha cambiado la cara a la literatura hebrea, que se parece a Bulgákov y a Hunter Thompson y al Nuevo Periodismo y también a Keret, que no se la puede comparar con nada y que Castel-Bloom es la autora de ficción israelí más grande de su tiempo (Haaretz). Y eso no es poco decir.
141 trykte sider
Oprindeligt udgivet
2016
Forlag
Turner

Vurderinger

    Fernandohar delt en vurderingfor 3 måneder siden
    🚀Opslugende

    Obra maestra del absurdo. Para contar la locura del mundo, nada mejor que una loca.

Citater

    Fernandohar citeretfor 3 måneder siden
    Llegué a la conclusión de que lo que tuviera que ser, sería. ¿Y qué podía hacer yo?
    Fernandohar citeretfor 3 måneder siden
    era el 14 de julio y seguro que los franceses estaban bailando por las calles en conmemoración de la toma de la Bastilla. Aquellas criaturas creían que con haber legado a la humanidad tonterías como la separación de poderes, la bondad innata del hombre y todas esas cosas empalagosas ya era suficiente. Lo que yo me digo es que no han hecho más que inventar un Napoleón que se cree Napoleón, la ridiculez de los jardines de Versalles y el rostro empolvado de María Antonieta.
    Fernandohar citeretfor 3 måneder siden
    Por la ciudad corría el rumor de que los franceses eran solo la punta del iceberg, que eran vasallos de los alemanes, y que eran los alemanes quienes estaban detrás de todos esos ataques aéreos, ya que si un alemán le ordena a un francés que salte por la ventana, el francés salta.

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