Edgar Allan Poe

Berenice

El narrador, Egaeus, se prepara para casarse con su prima, Berenice. Egaeus sufre extraños ataques de ensimismamiento durante los cuales parece aislarse por completo del mundo exterior. Berenice empieza a deteriorarse debido a una enfermedad desconocida, hasta que la única parte de su cuerpo que parece permanecer viva son sus bonitos dientes, con los cuales Egaeus empieza a obsesionarse. Berenice muere finalmente y él entra en uno de sus trances. Un criado lo interrumpe informándole de que la tumba de Berenice ha sido profanada. Egaeus se descubre cubierto de sangre, y a su lado, diversas herramientas de dentista y una cajita conteniendo 32 dientes («thirty-two small, white and ivory-looking substances»). Por otra parte, todo hace pensar que Berenice fue enterrada viva.
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Vurderinger

  • Angel Muñozhar delt en vurderingfor 4 måneder siden
    🔮Overraskende

    "En realidad de la alegría nace la tristeza "

    Me marco esta frace.

  • Sarah Valentina Barragán Salomhar delt en vurderingfor 7 år siden
    👍Værd at læse
    💀Uhyggelig
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    🚀Opslugende

    Me dejó en intriga saber ..... Ahí termina ?????
    Lo ame pero me dejó inconclusa

  • b4183966686har delt en vurderingfor 3 år siden
    👍Værd at læse
    🔮Overraskende
    🎯Læseværdig
    🚀Opslugende

    DIOS LO AME CON TODAS MIS FUERZAS CRANEALES ESTO ES TAN PROFUNDO , LA OBSESIÓN Y COMO MD SENTÍ IDENTIFICADA CON LO OSCURO Y BIZARRO DE CADA VERSO

Citater

  • Amatistahar citeretfor 2 år siden
    no es extraño que mirase a mi alrededor con ojos asombrados y ardientes, que malgastara mi niñez entre libros y disipara mi juventud en ensueños
  • Cherryhar citeretfor 2 år siden
    Igual que en la ética el mal es consecuencia del bien, en realidad de la alegría nace la tristeza.
  • 𝐦𝐨𝐨𝐧𝐥𝐨𝐯𝐞𝐬𝐬🇦🇷har citeretfor 12 timer siden
    an horrible en el ser moral y físico de mi prima, hay que mencionar como la más angustiosa y obstinada una clase de epilepsia que con frecuencia terminaba en catalepsia, estado muy parecido a la extinción de la vida, del cual, en la mayoría de los casos, se despertaba de forma brusca y repentina. Mientras tanto, mi propia enfermedad -pues me han dicho que no debería darle otro nombre-, mi propia enfermedad, digo, crecía con extrema rapidez, asumiendo un carácter monomaníaco de una especie nueva y extraordinaria, que se hacía más fuerte cada hora que pasaba y, por fin, tuvo sobre mí un incomprensible ascendiente.

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