La casualidad, igual que la necesidad, es una categorías que surge a consecuencia de la impotencia de vuestra mente que, incapaz de abarcar lo complejo, se sirve de una lógica que yo llamaría la lógica de la desesperación. Me refiero a que, o bien el ser humano es casual, es decir, que algo carente de sentido lo ha escupido sin ningún sentido sobre la arena de la historia, o bien resulta que sí es necesario. En tal caso las entelequias, las teleonomías y las teleomaquias no tardarán en abalanzarse en tropel sobre vosotros, en calidad de defensores de oficio y dulces alentadores.
Ambas categorías no sirven para nada. No sois fruto ni del azar, ni de la necesidad, ni tampoco de la casualidad sometida a la necesidad, ni de la necesidad relajada por la casualidad. Sois fruto del lenguaje que funcionaba con un gradiente negativo y por tanto, a la hora de la puesta en marcha del proceso, resultasteis totalmente imprevisibles y, al mismo tiempo, radicalmente previsibles.