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Michelle Roche Rodríguez

  • Silvia Arenashar citeretfor 2 år siden
    usaba mi nombre con tanta frecuencia que estaba segura de que un día iba a gastarlo.
  • Silvia Arenashar citeretfor 2 år siden
    Hay algo de ópera bufa en tanta inquina: la crueldad estúpida y la brutalidad no son más que infelices maneras de conservar un puesto
  • Silvia Arenashar citeretfor 2 år siden
    . Y cada historia era peor que la anterior. Yo suspiraba cada vez que escuchaba el comienzo de una, ponía cara seria y esperaba el día en que me hubiera hecho insensible a fuerza de conocer barbaridades.
  • Silvia Arenashar citeretfor 2 år siden
    Quizá el deseo animal se originaba en mis órganos femeninos, pero estaba segura de que no era solo sexual. Había algo emotivo allí.
  • Silvia Arenashar citeretfor 2 år siden
    Solo tenía algo claro sobre cualquier otra cosa: este impulso era un secreto, debía mantenerlo oculto de papá, aunque me pesara, y, en especial, de mi madre. Si quería conservar el amor de mis padres y convertirme en una buena mujer, como ellos querían, debía controlar aquella sensación de gula bestial. Nada deseaba yo con tanto ahínco como sentirme parte de la familia. Esos apetitos mostraban la senda del pecado.
  • Silvia Arenashar citeretfor 2 år siden
    Tenía todas mis esperanzas puestas en fraguarme un futuro como maestra y me había costado mucho conseguir el permiso de papá para que continuara por esa senda mis estudios. En realidad, no me interesaba dar clases y ni siquiera me gustaban los niños, pero ese trabajo me permitiría encubrir mi avidez literaria. La gente sospechaba de las lectoras, mortificándolas con el fantasma del bovarismo. Mi madre, las monjas y las maestras que me criaron afirmaban que, como la heroína de Gustave Flaubert, la afición excesiva por los libros podía llevarme a la insatisfacción afectiva. Quizá tenían razón y la fuente de todos mis problemas era mi voracidad, incluso, de conocimiento.
  • Silvia Arenashar citeretfor 2 år siden
    Gustosa hubiera hecho un pacto con Satanás solo por no escuchar más nunca algún comentario sobre la nocividad de las lecturas en la mente de las mujeres. Nadie se atrevía a decirles tonterías semejantes a los hombres.
  • Mhar citeretfor 2 år siden
    Corría el año 1921
  • Mhar citeretfor 2 år siden
    los catorce años, fuera del pelo rojo cortado a lo garçon, nada en mi aspecto resultaba llamativo.
  • Mhar citeretfor 2 år siden
    l tiempo dio un corcoveo, como si alguien hubiera apagado lo que quedaba de la luz solar por equivocación e inmediatamente la hubiera vuelto a encender. Pero el brevísimo intervalo de oscuridad estaba lleno de horror. Fue un salto del alma. El sonido de un plato y la mecedora cayéndose. Frente a mí, mucho más cerca que un momento antes, Héctor. La estupefacción y un grito detenido en su boca. Luego, la herida en su brazo, ennegrecida y deforme, supurando algo más que sangre.
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