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Juan Pablo Villalobos

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    Entramos en una fase de racionamiento de quesadillas que terminó por radicalizar las posturas políticas de todos los miembros de la familia. Nosotros conocíamos muy bien la montaña rusa de la economía nacional a partir del grosor de las quesadillas que nos servía mi madre en casa. Incluso habíamos creado categorías: quesadillas inflacionarias, quesadillas normales, quesadillas devaluación y quesadillas de pobre –citadas en orden de mayor opulencia a mayor mezquindad.
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    Finalmente teníamos las quesadillas de pobre, en las que la presencia del queso era literaria: abrías la tortilla y en lugar del queso derretido mi madre había escrito la palabra queso en la superficie de la tortilla.
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    Finalmente teníamos las quesadillas de pobre, en las que la presencia del queso era literaria: abrías la tortilla y en lugar del queso derretido mi madre había escrito la palabra queso en la superficie de la tortilla.
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    Mi padre finalmente se resignó al silencio y a la tristeza, su única ocupación era hacernos piojito por turnos, pero en lugar de calmarnos nos angustiaba, porque se concentraba tanto en su ternura que parecía que el fin del mundo se acercara.
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    las calles estaban atestadas de camionetas-kamikaze repartidoras de leche.
  • Michelle AMhar citeretfor 2 måneder siden
    nos compraban a todos la misma ropa para regatear descuentos, pantalones de mezclilla y camisetas de colores, siempre la misma ropa, una talla más grande para que nos durara más, con lo cual se producía el efecto grotesco de estar permanentemente mal vestidos.
  • Michelle AMhar citeretfor 2 måneder siden
    Nosotros necesitábamos cualquier cosa que nos salvara del pánico del instante, y dentro de las posibilidades que se nos ofrecían no encontramos nada mejor que una broma infantil, un chiste que contribuyera a creer que lo que estaba pasando no era tan grave, que iba a arreglarse, que teníamos derecho a reírnos en medio de la desolación. Lo apodamos, pues, el Agente Greñas.
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    Por su parte, Aristóteles se dedicaba con muchísimas ganas a otra tarea fundamental, echarme la culpa:
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    Mis papás aguantaban su estupefacción onomástica como podían, mis hermanos y yo nos manteníamos calladitos, para eso habíamos recibido entrenamiento militar, ésa había sido nuestra educación social: cerrar el pinche hocico.
  • Michelle AMhar citeretfor 2 måneder siden
    nos preguntó nuestras edades y el nombre del colegio que mis padres habían elegido para que acabaran de traumarnos.
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