Nosotros necesitábamos cualquier cosa que nos salvara del pánico del instante, y dentro de las posibilidades que se nos ofrecían no encontramos nada mejor que una broma infantil, un chiste que contribuyera a creer que lo que estaba pasando no era tan grave, que iba a arreglarse, que teníamos derecho a reírnos en medio de la desolación. Lo apodamos, pues, el Agente Greñas.