sistemáticamente sinónimo de copia vulgar, de estupidez estereotipada y sensiblera, de tediosa imitación de obras superiores. Hay obras kitsch que, en el universo del cine, la publicidad, la canción, las artes plásticas, la moda y el diseño, están dotadas de verdadera calidad artística y son portadoras de novedad, singularidad y creatividad. No todo lo que es kitsch es de «mal gusto» ni se parece a la imitación de pacotilla. Cabe señalar: hay kitsch bueno, rico, capaz de renovar los géneros artísticos, de desplazar las líneas del gusto, de cambiar la sensibilidad estética creando nuevas hibridaciones. En materia de cultura, no es el kitsch en sí mismo el enemigo y el «mal», sino el kitsch estereotipado, sin imaginación ni riesgo. Si, en una época en la que se proclama «el final de la abundancia», la sobriedad es más que nunca una virtud que hay que llevar a la práctica, ¿será lo «demasiado», intrínsecamente, en todas partes y siempre, una cosa negativa? Sin duda, la pregunta es menos simple de lo que dejan entrever algunas respuestas que se presentan como definitivas. ¿Se debe quemar el kitsch en la hoguera? Al someterlo a juicio, importa juzgar por los hechos…