El nuevo nacimiento –recibir la propia vida de Dios– es el punto de arranque de toda vida espiritual. ¡Qué inútil es si el resultado final de toda nuestra exhortación, persuasión, argumentación, explicación y estudio es únicamente producir cierto entendimiento en la mente, cierta determinación en la voluntad y cierto sentimiento en la emoción! Esto no ha servido a la gente para recibir la vida de Dios en su espíritu.