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Granta Publications

  • Rafael Ramoshar citeretsidste år
    El calor desacostumbrado parecía veraniego, pero la luz era claramente otoñal, y la confusión de estaciones se reflejaba en las indumentarias: había quien vestía camiseta y pantalones cortos mientras que otros llevaban abrigo. Al autor le recordó a una doble exposición en fotografía o a la técnica del matte en cine: dos temporalidades unidas en una única imagen.
  • Rafael Ramoshar citeretsidste år
    Habían quedado en un bar del Dumbo, lejos del metro. Al ponerse el sol, decidió dar un largo paseo; al final iría caminando. Todavía hacía un calor impropio de la estación pero ya se intuía el invierno en el aire. Las luces y las voces se veían y sonaban distintas en ese aire, más chispeantes, con mayor alcance.
  • Rafael Ramoshar citeretsidste år
    se sentaron uno al lado del otro, acercándose un poco más con cada nueva bebida, y él le habló de las caras, de lo importante que es para un escritor que «se le den mal las caras», y ella le preguntó si había visto alguna vez la imagen de satélite de la formación rocosa esa de Marte, una de las imágenes de texto habituales para ilustrar la «pareidolia», término que él no conocía. Es cuando el cerebro ordena estímulos azarosos en una imagen o sonido con significado, le explicó ella: caras en la Luna, animales en las nubes. Hannah sacó el móvil y lo buscó en Google, y él aprovechó la excusa de buscar juntos en la pantallita reluciente para aproximarse todavía más.
  • Rafael Ramoshar citeretsidste år
    —Pero el problema, uno de los problemas —el frío recorrería el cuerpo del autor, como si le hubieran inyectado una tinción de contraste—, es que estas imágenes de arte se dirigen solo a los enfermos, a los pacientes. Sería absurdo imaginarse a un médico contemplando una de ellas entre citas, interesándose por ella o vinculándose de algún modo, permitiendo que influyera en su día o algo así. Aparte de la sosería deprimente, de que son intercambiables, lo que digo es lo siguiente: no podemos contemplarlas juntos. Refuerzan, profundizan la distancia que nos separa porque se dirigen solo al enfermo, miran solo al diagnosticado.
  • Rafael Ramoshar citeretsidste år
    —Entiendo el deseo de contar con alguna decoración que indique que esto no es solo una sala de hospital, que un paciente no es solo un cuerpo patologizado, que este no es simplemente el dominio de la ciencia. Comprendo que los criterios exclusivos que la institución y usted mismo aplicarían para seleccionar una imagen apropiada incluirían que esta resultara inofensiva, si no directamente tranquilizadora, al menos que no perturbe. Se supone que debe demostrar que no es usted una máquina ni un excéntrico porque la imagen alude insulsamente a modelos culturales establecidos, al medio pictórico y su ejemplo estereotipado. Son imágenes de arte, no son arte.
  • Rafael Ramoshar citeretsidste år
    Le envolvía una sensación de calidez; el universo era bueno, la lámpara que enfocaba el interior de su boca era el sol, fuente de alimento. Sabía que no lo era pero también lo era, y entonces el dentista anunció: «Ya está». El autor no sabía si habían transcurrido cinco minutos o una hora. Se dio cuenta de que la enfermera le estaba indicando algo y notó que tenía una gasa en la boca cuando dijo: «Sí, sí». Luego la siguió hasta la sala de espera sin sentir el suelo que pisaba y miró pero no escuchó cuando la enfermera le repitió las indicaciones a Liza, que le dio las gracias y ayudó al autor a ponerse el abrigo.
    El sol deslumbrante le despejó un poco y, para cuando subieron al taxi, había recuperado el sentido del tiempo, pero todavía seguía tan inmerso en el cálido bienestar de las drogas que los arranques y frenazos del taxi avanzando a golpes hacia el este le parecieron un suave balanceo. No sentía dolor, y solo la lengua entumecida le molestaba un poco, le recordaba las heridas tapadas con gasa. ¿Liza había estado hablando todo el rato? El autor se giró y la miró al tiempo que se sumaban a la FDR Drive, y estaba guapa, con los brazos en alto para recogerse el pelo castaño claro en una coleta; miró cómo los pechos subían y bajaban con la respiración, vio la fina cadena de oro que colgaba siempre sobre su clavícula. Entonces, sin transición alguna, el autor contempló el perfil del bajo Manhattan, los edificios que iban agrandándose y definiéndose conforme el taxi se acercaba, aunque él no tuviera conciencia de estar moviéndose. Luego cobró conciencia de estar moviéndose a una velocidad increíblemente constante, y del puente de Brooklyn, de los destellos del cableado. Liza despotricaba contra la pequeña pantalla táctil del taxi, que no conseguía apagar, y él alargó una mano y experimentó el contacto con el cristal como si fuera una maravilla, como si tocara aire sensible, solidificado. Luego estaba acariciándole el pelo a Liza y ella se reía de esa intimidad tan impropia de él, algo que solo había hecho seis veces en seis años de relación. Ahora, otra vez las vistas, y al autor se le ocurrió como una revelación:
    No lo recordaré. Es la vista más bella de la ciudad que jamás haya presenciado, la experiencia más perfecta del tacto y la velocidad, nunca me había sentido tan próximo a Liza, y no lo recordaré; las drogas lo borrarán.
  • Rafael Ramoshar citeretsidste år
    —El arte debe ofrecer algo más que desesperación estilizada.
    —¿Estás proyectando en mí tus ambiciones artísticas?
    —¿Y qué si así fuera?
  • Rafael Ramoshar citeretsidste år
    Como me había callado y tenía la impresión de que debía llenar el silencio, opté por un comentario vago sobre la conexión entre narrar una historia y el trabajo manual, sobre cómo este facilita contar historias, el trabajo crea un patrón perceptivo compartido, pero por el modo en que Noor asintió supe que no me había escuchado.
  • Rafael Ramoshar citeretsidste år
    Es siempre una proyección al pasado la idea de que existió un momento concreto en que decidiste convertirte en escritor, o la idea de que un escritor o escritora está en posición de saber cómo o por qué se convirtió en escritor, si es que tiene sentido pensarlo como decisión, pero por eso puede resultar una cuestión interesante, porque es una forma de pedirle a un escritor que escriba la ficción de sus orígenes, de pedirle al poeta que cante la canción de los orígenes de la canción, que es una de las tareas más viejas del poeta.
  • Rafael Ramoshar citeretsidste år
    Y entonces, resplandeciendo con el aura de su inmediata desaparición, en verdad aquella fue la vista, la experiencia, más bella. Se moría de ganas de describirle la situación a Liza, pero no podía: todavía tenía la lengua entumecida; ni siquiera era capaz de pedirle que le recordara lo que las drogas iban a borrar. Pese a ser remotamente consciente de que luego Liza se reiría de él, de que estaba siendo ridículo, notó que las lágrimas asomaban a sus ojos cuando subieron al puente y vio los juegos del sol de finales de octubre en el agua. Que no fuera a guardar ningún recuerdo de lo que observaba ni pudiera conservarlo en ningún idioma le confirió plenitud, lo hizo brevemente idéntico a sí mismo, y al autor le conmovió profundamente pensar que esa experiencia de presencia dependía de que se olvidara. Luego estaba en su piso; Liza le dio un par de pastillas, lo acostó y se marchó.
    Se despertó hacia la medianoche sintiéndose él mismo. Le dolía un poco la mandíbula. Meó, cambió la gasa empapada y rojiza y se tomó otro analgésico con un vaso de agua. Envió un mensaje a Liza y también otro a Josh, que había preguntado qué tal había ido todo. Sonrió al pensar en las mil vueltas que le había dado a las extracciones: no era nada. Vio un episodio de The Wire en el portátil y se durmió.
    Cuando se levantó de la cama a última hora de la mañana siguiente y se tomó el café —helado, para no interferir en la coagulación— lo entendió: Recuerdo el trayecto en taxi, las vistas, acariciarle el pelo a Liza, la belleza inefable destinada a desaparecer. Lo recuerdo, lo que significa que no ha pasado.
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