«Jim, chico, estoy tan seguro de que algún día llegarás a ser alguien como de que Dios pone gusanos en las manzanas amargas. Estoy convencido, lo sé desde que llegamos a aquel orfanato de pequeños. No te rindas nunca, Jim, por Dios te lo pido, tienes un don, y por Dios que tienes que demostrárselo a todos esos bastardos que piensan que los Tully no somos más que un montón de basura sólo porque papá era un peón borrachín».