A veces nos leemos fragmentos de libros, como hacen los enamorados. Abro uno, La mujer y la ciudad, de Vivian Gornick. Amiga, te quiero leer esto, escuchá: “La buena conversación no es una cuestión de compartir intereses, ideales, sino una cuestión de temperamento, cuando se comparte el mismo temperamento, la conversación nunca pierde espontaneidad y frescura; cuando no, uno siempre tiene que andarse con pies de plomo”.
Hace tiempo que pienso en eso. En desterrar el lugar común de tener cosas en común. La amistad es una voluntad misteriosa y cuando fluye parece un partido de tenis, siempre nos devolvemos la pelota, se pregunta, se escucha, se repregunta. Un hilito que nadie suelta. La amistad es una conversación que se puede retomar en cualquier punto y en cualquier lugar del mundo