bookmate game
es

Selva Almada

  • elmayohar citeretsidste år
    Trae el viento la sed de todos estos años.
    Trae el viento el hambre de todos los inviernos.
    Trae el viento el clamor de las cañadas, el campo, el desierto.
    Trae el viento el grito de las mujeres y los hombres hartos de las sobras de los patrones.
    Viene el viento con la fuerza de los nuevos tiempos.
    Ruge el viento, arma remolinos en la tierra.
    Nosotros somos el viento y el fuego que arrasara el mundo con el amor de Cristo.
  • elmayohar citeretfor 6 måneder siden
    los árboles añosos
  • elmayohar citeretfor 6 måneder siden
    dura como la mujer de Lot,
  • elmayohar citeretfor 6 måneder siden
    Volvió a mirar el cielo retaceado por el árbol.
  • elmayohar citeretfor 6 måneder siden
    De a poco la respiración se acompasó; el corazón dejó de bambolearse adentro de la caja torácica, volvió a encontrar su lugar entre los huesos. Entonces llegó el impulso de la tos, que lo sentó de golpe, la boca se le llenó de flema. El Gringo escupió todo lo lejos que pudo. Buscó un cigarrillo y lo encendió.
  • elmayohar citeretfor 6 måneder siden
    Pearson levantó el vaso grasiento y sonrió. Esa era su misión en la tierra: fregar los espíritus mugrientos, volverlos prístinos y llenarlos con la palabra de Dios.
  • elmayohar citeretfor 6 måneder siden
    las patas zambas
  • elmayohar citeretfor 6 måneder siden
    Los cuatro cargaron sobre la comida: abundante arroz y unos trozos de carne fría que les habían quedado de la cena. Todos tenían hambre, así que por un rato solo se escuchó el sonido de los cubiertos contra los platos enlozados. Tapioca y Brauer comían con prisa, como si estuviesen jugando una carrera a ver quién terminaba antes. El Reverendo y Leni eran más pausados. Él le había enseñado a Leni que había que masticar muy bien los alimentos antes de tragarlos: la buena masticación favorece una buena digestión.

    —¿Hace mucho que vive aquí? —preguntó Pearson.

    —Bastante —dijo el Gringo tragando y limpiándose la boca con el dorso de la mano antes de tomar un trago de vino con hielo—. Este sitio era de mi padre. Anduve muchos años vagando de acá para allá, trabajando en las desmotadoras, en la cosecha, en lo que viniera. Moviéndome de un lado a otro. Hará unos diez años me instalé acá definitivamente.
  • elmayohar citeretfor 6 måneder siden
    La mujer asintió.

    —Se llama José Emilio, pero le decimos Tapioca.

    Cuando el camión se puso en marcha y empezó a subir lentamente hacia la ruta, Tapioca se puso a llorar. Quieto en su sitio, abrió la boca sacando un berrido y las lágrimas le corrieron por la cara sucia de tierra, dejando surcos. Brauer se agachó para quedar a su altura.

    —Vamos, chango, vamos a tomar una coca y a darle de comer a estos perros.

    Tapioca dijo que sí con la cabeza, sin perder de vista el camión que ya había trepado completamente al camino, con su madre adentro, alejándose para siempre.

    El Gringo Brauer agarró el bolsito y empezó a caminar hacia el surtidor. Los perros, que habían subido la banquina persiguiendo el camión, empezaron a bajar con la lengua afuera. El chico se sorbió los mocos, dio media vuelta y corrió atrás del Gringo.
  • elmayohar citeretfor 6 måneder siden
    Salieron y, otra vez, la vista de Leni tuvo que acostumbrarse a la rabiosa luz del sol en las primeras horas de la tarde.
fb2epub
Træk og slip dine filer (ikke mere end 5 ad gangen)