«[…] El diccionario ha de mirar los que hoy son defectos, no como absolutamente tales; ha de considerar la vida de las palabras como un continuo flujo y reflujo, perpetuo devenir en los actos sucesivos en que el lenguaje se realiza. No ha de presentar las palabras como disecadas, sino vivientes y en movimiento; ha de mostrar rápidamente el valor originario de cada palabra, su trayectoria histórica y su situación precisa en el presente, dejando entrever cómo esa trayectoria habrá de continuarse en el futuro.
»[…] representará el habla, no en reposo de autorizada estabilidad, sino en movimiento de avance; será como una fotografía instantánea del idioma en actitud dinámica».
Ramón Menéndez Pidal, Estudios de lingüístic