—Ya sé lo que quieres decir —respondí meneando la cabeza—. Yo no quiero ser así. Pero, en ocasiones, me pongo furioso. A veces tengo la sensación de que sé demasiado, o de que he hecho cosas que no puedo arreglar, y eso es algo que me persigue. Y cuando veo cosas que no deberían ser…
—No sabes qué hacer.
—Exactamente.
Él asintió.
—Bueno, yo empezaría por pensar en lo bueno. Y luego me preguntaría cómo hacer que esas cosas buenas sean aún mejores.