Añoro la compañía de un hombre que pudiera compenetrarse conmigo, cuya mirada respondiera a la mía. Me puedes tachar de romántico, querida hermana, pero echo muy en falta a un amigo. No tengo a nadie cerca que sea tranquilo a la vez que valeroso, culto y capaz, cuyos gustos se parezcan a los míos, que pueda aprobar o corregir mis proyectos. ¡Qué bien enmendaría un amigo así los fallos de tu pobre hermano! Soy demasiado impulsivo en la ejecución y demasiado impaciente con los obstáculos. Pero aún me resulta más nocivo el hecho de haberme autoeducado. Durante los primeros catorce años de mi vida corrí por los campos como un salvaje, y no leí nada salvo los libros de viajes de nuestro tío Thomas.