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Guadalupe Nettel

Los divagantes

  • Berenice Torreshar citeretfor 3 år siden
    –Las raíces se conectan allí donde no podemos verlas. Un árbol no es sólo un árbol, también es su especie. Además, están las semillas que lanzó a diestra y siniestra durante tantos años, y que ahora se están reproduciendo.
  • Leoncio Vázquezhar citeretfor 3 år siden
    Siempre me ha resultado extraña la familiaridad que establecemos con alguien desconocido en cuanto nos enteramos de que es nuestro pariente. Estoy segura de que no tiene nada que ver con la afinidad inmediata, sino con algo tan artificial como la cultura, una lealtad convencional con el clan o, como dicen algunos, con el apellido
  • Andrea Rodríguezhar citeretfor 20 dage siden
    Sabía de su existencia, pero no lo conocía
  • Andrea Rodríguezhar citeretfor 20 dage siden
    «el azar objetivo» para hablar de los hechos fortuitos que parecen dictados por nuestro destino
  • elmayohar citeretfor 3 måneder siden
    Mis alumnos, al igual que mi marido y mis hijos, llevarán en el rostro esa sonrisa beata de quien ha dormido bien durante la noche. Yo les ofreceré estas ojeras y estas arrugas cada vez más pronunciadas que todas las mañanas constato frente al espejo. No me arrepiento, es el precio que pago por aquello que defiendo. La vida impone sus marcas sobre aquellos que se atreven a mirarla de frente, con lucidez.
  • elmayohar citeretfor 3 måneder siden
    Sin decirle una palabra, perdí mi regreso a Francia para quedarme a su lado y hasta la fecha no he retomado mis estudios. Los estragos de los accidentes externos son cuantificables, en cambio los internos nos dejan secuelas invisibles mucho más difíciles de reparar. Alquilé un departamento cerca de la universidad, y era ahí donde nos veíamos un par de veces a la semana. Mi aportación era aquel espacio con terraza. La pizza la traía él, y también el vino y la hierba. Aquellas reuniones consistían en contarnos detalles de nuestra vida y en reírnos el uno del otro hasta las lágrimas. A veces Camilo faltaba a la cita o la suspendía de última hora para salir con otras amigas potencialmente afines. Tenía muchas, pero con ninguna duraba. Me gustaba que me contara sus fracasos, como si supiese que conmigo no necesitaba guardar las formas ni las distancias. Y realmente yo no lo juzgaba, así como él tampoco juzgaba mi decisión de esperar los años que hiciera falta antes de aparearme.
  • elmayohar citeretfor 3 måneder siden
    Habían nacido ahí cuatro o cinco años atrás y, apenas terminada la crianza, habían pasado esa misma cantidad de tiempo volando sobre el océano sin apenas tocar tierra. Pero el instinto, esa fuerza apenas comparable con el destino, obliga a los albatros a regresar y establecerse no solo en su país, sino a pocos metros del lugar de su nacimiento. En esa isla encontramos un nido con un huevo abandonado. Nos explicaron que se trataba de una tragedia inusual: si un albatros abandona el hogar, solo puede ser para salvar su vida. Al escuchar esta historia pensé en mis vecinos sudamericanos, que regresaron en cuanto les fue posible al país en el cual habían estado a punto de morir. No fue fácil. El trabajo escaseaba y la gente les tenía desconfianza, los veían como se mira volver a los desaparecidos.
  • elmayohar citeretfor 3 måneder siden
    Un mes más tarde recibí una foto de su nueva patineta, sobre la cual había pintadas dos grandes alas bicolor. Atrás estaba escrito: «Un beso, Camilo».

    Fue ese mismo año, en clase de literatura francesa, cuando me hicieron leer Les fleurs du mal, y fui a pedirlo a la biblioteca del liceo. Apenas me lo entregaron, abrí una página al azar y apareció ante mí el poema del albatros, «ce roi de l’azur maladroit et honteux», donde Baudelaire lo describe como el poeta maldito de la naturaleza. Se lo leí a mi padre esa misma noche. Él me leyó a su vez, y con mucho entusiasmo, el poema en el que Coleridge cuenta la historia de un marinero que queda maldito para siempre por matar a un albatros. El texto, oscuro como pocos he leído, me perturbó muchísimo. «Todos los hombres de mar conocen esa historia», dijo mi padre. Comprendí el horror del marinero de Luisiana al ver que su caña se había enganchado en el pico de aquel pájaro. Copié una estrofa a mano para mandársela a Camilo como respuesta a su fotografía. No tuve novio en todo ese tiempo. Me gustaba conocer bien a la gente antes de pensar siquiera en dar un beso y los chicos se desesperaban. Era demasiado torpe, demasiado lenta.
  • elmayohar citeretfor 3 måneder siden
    En Nueva Orleans, el mar estaba cerca. Ahí había gaviotas en vez de palomas. Cuando tenía tiempo, papá me llevaba a ver pájaros, aves que vivían libres en el bosque o en las penínsulas del estado. Un fin de semana visitamos la reserva de Cat Island en el sureste de Luisiana, donde se asientan los pelícanos pardos
  • elmayohar citeretfor 3 måneder siden
    Camilo y yo nos despedimos en la entrada del edificio, haciendo promesas de futuro, pero sabiendo en el fondo que muy probablemente nunca volveríamos a vernos.
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