Así que en esas dos situaciones, hay dos valores diferentes y dos resultados diferentes. Si queremos que nos vaya mejor, tenemos que empezar a pensar en qué servimos. Qué problema resuelvo. Y si les resuelvo un problema, volverán una y otra vez, y me recomendarán a uno y a otro. Y me irá muy bien.
Y así se explica la esencia de esa economía espiritual, o la economía del bien común. Esta economía sabia funciona con una sencilla regla: ocúpate de ellos y ellos se ocuparán de ti. Si quieres profundizar, he escrito el libro: “Dinero Feliz”. Léelo para entender la riqueza sin codicia, ética y consciente.
Es así de claro: el cliente es lo primero. Antes que el propietario, antes que el accionista, antes que el beneficio… Siempre el cliente primero. Y el dinero y la satisfacción llegarán después.