Comprendió entonces al carnicero y al curtidor, al panadero y al herrero, que estaban sentados en los soleados bancos delante de sus casas con su aire tan regiamente risueño. Contempló a los obreros, los oficiales y los aprendices, paseando en grupos o dirigiéndose solitarios a la taberna, con el sombrero un poco torcido, con camisas blancas y bien cepilladas ropas domingueras. Muchas veces, aunque no todas, se agrupaban los artesanos por sus propios oficios; carpinteros con carpinteros, albañiles con albañiles, unidos por el honor de su oficio.