1923 se encontró en la India a dos niñas de seis y cuatro años –Amala y Kamala– que habían sido criadas por lobos en una región de Calcuta; a mediados del siglo XX Vicente Cuacua fue criado en el sur de Chile por unos pumas, la niña ucraniana Oxana Malaya fue criada en la misma década de los noventa por unos perros, y una comunidad de monos verdes acogió a John Ssabunnya en Uganda. La menor investigación prueba la existencia de muchos casos semejantes, cuando no más asombrosos. Ahí, en esa pérdida de gravedad y sencillez con que el niño y el animal se reconocen, comienza el diálogo que seguramente