«Bajo la mirada hacia la noche sagrada, inefable y misteriosa. El mundo está lejos, hundido en una sima profunda: árido y solitario es el lugar. Un violín llora en mi pecho. Recuerdos lejanos, deseos de la juventud, sueños de la niñez, breves alegrías y vanas esperanzas de toda la larga vida acuden con ropajes grises, como jirones de niebla después de la puesta del sol».