Fue entonces, mientras me esforzaba en pilotar a través del paso, cuando sus gritos enloquecidos estuvieron a punto de causar un desastre, me hicieron perder el dominio de mí mismo y toquetear con impotencia los mandos. Un segundo después, triunfó mi resolución y pudimos pasar sanos y salvos…, aunque temo que Danforth nunca vuelva a ser el mismo.
He dicho ya que se negó a contarme qué último horror le había hecho gritar de ese modo tan demencial…,