necesitaba inspirarme para descubrir a qué quería dedicar mi vida, ya que tenía que dedicarla a algo, al menos obligatoria, oficial y asalariadamente. Debía pensar, probar, actuar por contraste. Así que su nombre no sería solo año sabático, sino año de ocio, año de espera. Porque no es lo mismo ocuparse de descansar que no ocuparse de nada a expensas de lo que venga, cosa que ni siquiera parece posible.