Eso es lo que veo, como digo, cuando se cita el nombre de Hamlet. Siempre la misma escena, siempre los mismos personajes, el mismo farol, los mismos gestos, las mismas palabras, y, al final, siempre sin habla. Conforme a mis escasas lecturas de Freud, claramente se trata del cumplimiento de un deseo y agradezco a este último habérmelo revelado.