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Juan Pablo Villalobos

No voy a pedirle a nadie que me crea

«No voy a pedirle a nadie que me crea», nos advierten con frecuencia los distintos narradores y personajes de esta historia, en la que lo corriente se transforma en un delirio sin que uno sepa muy bien cómo, en la que lo raro acaba siendo normal y en la que no podemos hacer otra cosa que reírnos, porque todo es hilarante, cotidiano y surrealista a la vez, como la vida misma.

Todo empieza con un primo que ya de chico apuntaba maneras de estafador, y que ahora mete al protagonista un mexicano que viaja a Barcelona acompañado de su novia para estudiar literatura, y que además se llama como el autor de la novela en un lío monumental: un «negocio de alto nivel» que convierte su estancia en la ciudad en una especie de novela negra de humor también negro, una de esas que a él le gustaría escribir.

Por estas páginas desfila una variopinta fauna de personajes impagables: mafiosos peligrosísimos el licenciado, el Chucky, el chino; una novia que se llama Valentina y que lee Los detectives salvajes y está al borde de la indigencia y no se entera de nada; una chica llamada Laia cuyo padre es un político corrupto de un partido nacionalista de derechas; un okupa italiano que se ha quedado sin perro; un pakistaní que simula vender cerveza para no levantar sospechas… Y para complicarlo todo un poco más aparece una segunda Laia, que es mossa desquadra y pelirroja; una perra que se llama Viridiana; una niña que recita versos de Alejandra Pizarnik y hasta la propia madre del protagonista, melodramática, orgullosa y chantajista como en una buena telenovela mexicana.

Juan Pablo Villalobos escribe como actuaba Buster Keaton: te arranca la carcajada manteniéndose impávido, sin mover un músculo. En sus anteriores novelas ya había ido construyendo un mundo propio con personajes entrañables y excéntricos a los que les sucedían cosas extrañas y divertidísimas. Y ésta lo consagra como un escritor imprescindible. En ella, y a través de la odisea de un hombre normal que se ve envuelto en peripecias de lo más rocambolescas, nos habla de la realidad y la ficción, o sea de la importancia de la literatura en nuestras vidas, y del papel fundamental del humor.
261 trykte sider
Oprindeligt udgivet
2016
Udgivelsesår
2016
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Vurderinger

  • Sandy Jaguarhar delt en vurderingfor 3 år siden
    👍Værd at læse
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    😄Vildt sjov

    Me gustó, sin embargo esperaba reírme y lo que sentí fue intriga y a veces angustia; por supuesto que hay humor, nomás no fue suficiente para mí, para contrarrestar la angustia que sentí.

  • Eduardo Castillo Clímacohar delt en vurderingfor 4 år siden
    👍Værd at læse

    Muy entretenido!

  • María Laura Rafaelhar delt en vurderingfor 4 år siden
    👍Værd at læse
    🚀Opslugende
    😄Vildt sjov

    Entre novela negra y policíaca, la historia absurda y aparentemente inverosímil de los protagonistas mexicanos nos atrapa inmediatamente y nos invita a no dejar la lectura hasta el final. Llena de humor y de momentos ingeniosos nos mantiene atentos en espera del desenlace

Citater

  • Cecilia GMhar citeretfor 9 måneder siden
    Eres escritor?, pregunta. Le digo que no, que todavía no, que estudié letras y que, en realidad, más que escritor lo que soy es un lector profesional. ¿Y cómo acabaste metido en esto?, dice, yo pensaba que la gente que leía mucho era buena, que no se metía en líos. Me quedo callado. Pensando en esa idea, bastante extendida, según la cual la gente culta, y en especial los literatos, tiene una superioridad moral, aunque la verdad es que los lectores no buscamos en la literatura pautas para nuestro comportamiento en la realidad. Los escritores tampoco. Lectores y escritores lo único que queremos es perpetuar un sistema hedonista, basado en la autocomplacencia y en el narcisismo. El verdadero lector lo único que quiere es leer más. Y el escritor escribir más. Y los académicos somos los peores: los carroñeros que queremos extraer un poco de sentido existencial a toda esa mierda.
  • Denise Elizabeth Ocaranza Ordóñezhar citeretsidste måned
    no es lo mismo si el chiste lo cuenta la víctima que si lo cuenta el verdugo
  • Denise Elizabeth Ocaranza Ordóñezhar citeretsidste måned
    En última instancia, agrego, se llega al extremo de sancionar de qué se vale reírse y de qué no.

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