Cuando el feminismo institucionalizado dice, más o menos explícitamente, que lo que debemos hacer es trabajar, competir, trepar, triunfar…, asume el imaginario liberal. Desde posiciones feministas, se acaba defendiendo una maternidad neoliberal, donde la vida, el cuidado y la crianza quedan supeditados al mercado. Se trata, como la filósofa Nancy Fraser señala, de las amistades peligrosas del feminismo con el capitalismo. De este modo, un cierto feminismo, defensor de una sociedad de libre mercado, acaba justificando nuevas formas de desigualdad y explotación,